¿Para qué viajar? ¿Para qué conocer nuestro pasado?
¿Por qué interesarse en el arte?
Lo bonito de las preguntas es que te hacen pensar: pensar para formularlas y pensar para responderlas.
Soy periodista de formación, y en esa profesión, formular la pregunta correcta es siempre un arte: hay que pensarla muy bien antes de lanzarla. También soy guía turístico oficial, y en esta otra profesión, dar la respuesta es siempre un desafío: hay que pensarla bien para satisfacer la curiosidad del interlocutor, sin errar.
Y este proyecto surgió de varias preguntas que me hice a mí mismo. “¿Para qué viajamos?. ¿Para qué sirve conocer el pasado?”. “¿Por qué interesarse en el arte?”.
La primera pregunta (“¿Para qué viajamos?”) me viene a la mente al ver y tratar con turistas que están en España como podrían estarlo en cualquier otro lugar del mundo: no demuestran ningún interés en saber cómo somos ni en cómo hemos llegado hasta aquí. Viajan ensimismados, con la única pretensión de subir sus fotos a las redes sociales y proyectar una imagen edulcorada de su vida, digna de ser admirada por el sólo hecho de que posan ante edificios y paisajes hermosos, diferentes a los de su lugar de origen.
La segunda pregunta (“¿Para qué sirve conocer nuestro pasado?”) me la formulo con un cierto complejo de inferioridad por haber estudiado letras (el sambenito de que “el que sabe, sabe, y el que no, a Humanidades”) y haber orientado mi carrera profesional hacia una actividad relacionada con la cultura y la historia. En un mundo con tantos estímulos y atractivos, ¿qué sentido tiene perder el tiempo interesándose en la historia? De hecho, se puede vivir (y muy bien) sin preocuparse lo más mínimo por lo que ocurrió en el pasado. Vamos, que podría pensarse que saber de reyes, guerras y artistas sólo sirve para ganar una partida al Trivial Pursuit.
La tercera pregunta (“¿Por qué interesarse en el arte?”) también me viene a la mente por otro complejo: el de parecer un pedante. Contemplar un cuadro es de vagos que se las dan de culturetas, una modernez que no vale para nada.
Para las tres preguntas hay respuestas muy buenas, ya dadas por otras muchas personas: viajar te abre la mente, conocer la historia nos evitará repetir los mismos errores y el arte es una forma de expresión que nos sale de manera natural, desde el Paleolítico.
Pero a mí me sale otra respuesta que desencadena tres ideas: lo deberíamos hacer por conocimiento, por disfrute y por felicidad. Conocer algo te hace disfrutarlo de verdad. Y para ser feliz, hay que disfrutar lo que se hace. En otras palabras: si Sócrates dijo que “el conocimiento te hará libre”, yo me atrevo a ampliarlo (perdón por la osadía, maestro) y decir que “el conocimiento te hará feliz”.
Me confirman esta idea los clientes que, por ejemplo después de una visita al Museo del Prado, me dicen: “Sin un guía, no habríamos entendido nada de Las Meninas, y de esta manera lo hemos disfrutado de verdad”. Y lo confirmo en primera persona cuando siento una emoción especial al aprender un dato nuevo o al conectar dos ideas durante un viaje.
En nuestros tiempos, diría que todos estamos de acuerdo en una cosa: el objetivo de la vida es ser feliz. Y cualquier medio (que no implique violencia ni molestias) es válido para conseguirlo.
Así que lanzo esta web para volcar las ideas que me surgen mientras viajo, aprendo y comparto lo aprendido. Porque, simplemente, me hace feliz.


